Hoy
día podemos observar como la corrupción es una de las principales
preocupaciones de los españoles, debido a la aparente aceptación y
aprobación de algunos miembros de nuestra clase política. Sin
embargo, dicho virus endémico se ha trasladado a otras instituciones
que gozaban de una aceptación excelente, como son la monarquía. La
imputación de Iñaki Urdangarin en el caso Palma Arena, ha
desencadenado el debate entre lo que podríamos denominar “las dos
Españas tradicionales”. Propicios y detractores abanderan una
serie de argumentos que a continuación analizaremos.
En
primer lugar, analizaremos los argumentos tradicionalistas favorables
a la situación actual. Si bien la totalidad de los funcionarios
públicos ocupados de la representatividad exterior cambian
permanentemente, la figura del Rey es símbolo de permanencia y
unidad. Como todos sabemos el sistema político español se basa en
una Monarquía Parlamentaria, donde el poder efectivo recae sobre el
Congreso y no sobre el Rey, sin embargo, actuaciones como la
acontecida durante el golpe de estado del 23F han legitimado su
actuación. La capacidad del monarca viene avalada por una educación
especial y sobresaliente a la media, lo cual lo autoriza para
desempeñar dicho papel. Por último su capacidad en las relaciones
exteriores con las próximas potencias mundiales como son los países
sudamericanos y los países árabes, favorece aún más su figura.
En
segundo lugar, expondremos los argumentos de los opositores a la
monarquía. Es necesario abandonar la eterna creencia que relaciona
dicho sistema con gobiernos de izquierdas, un claro ejemplo los
gobiernos de la CEDA. Como argumento principal cabe destacar la
capacidad de decisión que subyace de una democracia, y por supuesto
la capacidad de decidir a los máximos representantes. En la
situación económica actual basada en el adelgazamiento
institucional, con la reducción de funcionarios, especializados por
ejemplo en sanidad o educación, es inexplicable la continuidad de
una figura con la única función representativa. El rey no se
somete a ningún control político, por ello en caso de cometer un
error no tendrá repercusión alguna, a ello hay que sumar, a su vez,
la opacidad que presentan la mayoría de monarquías. Por último, se
produce una clara vulneración de la igualdad constitucional debido a
la superioridad del monarca ante la ley y la supremacía hereditaria
del varón.
Para
la solución de dicho cleavage, UPyD propone la realización de un
referéndum en el cual quede patente la capacidad de decisión de la
ciudadana así como su supremacía sobre los poderes públicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.