viernes, 11 de octubre de 2013

MONARQUÍA VERSUS REPÚBLICA

Hoy día podemos observar como la corrupción es una de las principales preocupaciones de los españoles, debido a la aparente aceptación y aprobación de algunos miembros de nuestra clase política. Sin embargo, dicho virus endémico se ha trasladado a otras instituciones que gozaban de una aceptación excelente, como son la monarquía. La imputación de Iñaki Urdangarin en el caso Palma Arena, ha desencadenado el debate entre lo que podríamos denominar “las dos Españas tradicionales”. Propicios y detractores abanderan una serie de argumentos que a continuación analizaremos.
En primer lugar, analizaremos los argumentos tradicionalistas favorables a la situación actual. Si bien la totalidad de los funcionarios públicos ocupados de la representatividad exterior cambian permanentemente, la figura del Rey es símbolo de permanencia y unidad. Como todos sabemos el sistema político español se basa en una Monarquía Parlamentaria, donde el poder efectivo recae sobre el Congreso y no sobre el Rey, sin embargo, actuaciones como la acontecida durante el golpe de estado del 23F han legitimado su actuación. La capacidad del monarca viene avalada por una educación especial y sobresaliente a la media, lo cual lo autoriza para desempeñar dicho papel. Por último su capacidad en las relaciones exteriores con las próximas potencias mundiales como son los países sudamericanos y los países árabes, favorece aún más su figura.
En segundo lugar, expondremos los argumentos de los opositores a la monarquía. Es necesario abandonar la eterna creencia que relaciona dicho sistema con gobiernos de izquierdas, un claro ejemplo los gobiernos de la CEDA. Como argumento principal cabe destacar la capacidad de decisión que subyace de una democracia, y por supuesto la capacidad de decidir a los máximos representantes. En la situación económica actual basada en el adelgazamiento institucional, con la reducción de funcionarios, especializados por ejemplo en sanidad o educación, es inexplicable la continuidad de una figura con la única función representativa. El rey no se somete a ningún control político, por ello en caso de cometer un error no tendrá repercusión alguna, a ello hay que sumar, a su vez, la opacidad que presentan la mayoría de monarquías. Por último, se produce una clara vulneración de la igualdad constitucional debido a la superioridad del monarca ante la ley y la supremacía hereditaria del varón.
Para la solución de dicho cleavage, UPyD propone la realización de un referéndum en el cual quede patente la capacidad de decisión de la ciudadana así como su supremacía sobre los poderes públicos.

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